VEINTINUEVE - TRANSFORMACIONES: ALGUNAS HISTORIAS Y UNA TEORIA De 'Cronicas del angel gris', de Alejandro Dolina
Las historias fantásticas suelen despertar nuestro asombro mostrando
transformaciones mágicas. Un hombre se convierte en pájaro, una dama
se hace flor, un muñeco cobra vida.
Muchas veces estos cambios son definitivos y ya no es posible el retorno
al estado anterior. Se dan también las transformaciones transitorias, tal
vez más maravillosas, pues no les basta con un solo milagro: necesitan su
repetición periódica.
En estos casos, no siempre es sencillo establecer el estado principal del
ente mudable. El dato tiene su importancia, ya que puede ocurrir que cada
fase persiga propósitos diferentes y aun opuestos. Quienes deseen favorecer
a una mujer-araña dudarán al elegir un obsequio y permanecerán indecisos
entre un collar y una mosca.
Hay que decir que estos prodigios pueden ocurrir por voluntad del
interesado, sin ella o contra ella. este punto interesa especialmente a
jueces y abogados que discuten la imputabilidad de las contravenciones
cometidas por seres de identidad inconstante.
El barrio de Flores conoció, en sus años dorados, metamorfosis notables,
cuya noticia ha llegado hasta nuestros días. Conoceremos ahora algunos de
los episodios a través de los relatos que - como sus protagonistas - han
padecido innumerables transformaciones. Su inexactitud es, sin embargo, un
mérito muy apreciado entre quines creen que toda historia puede ser
mejorada.
LOS DOS HOMBRES QUE SE CONVERTIAN EN UNO
Todos los miércoles, dos individuos, que vivían lejos uno del otro y que
no se conocían, se transformaban en uno o -por mejor decir- en un tercero.
La conducta de este ser compuesto no tenía nada de memorable, aunque
algunos le adjudiquen una naturaleza beligerante.
Al salir el sol, los sujetos recuperaban su forma habitual y tal vez
olvidaban las experiencias vividas.
Una vez los dos hombres fueron presentados y cada uno creyó percibir en el
otro algún rasgo familiar.
Las viejas de Flores hablaban a veces de tres hombres que se convertían en
dos y también de tres que se volvían cinco.
NOSTALGIAS PERPETUAS
Un hombre oscilaba entre dos identidades.
A veces era fiscal, vestía trajes elegantes y tejía razonamientos s
olímpicos. En otras ocasiones era cazador, portaba armas implacables y
perseguía a las fieras.
Cuando era fiscal decía:
- Ah, si estuviera cazando...
Cuando era cazador decía:
- Ah, si estuviera fiscalizando...
A menudo se equivocaba y añoraba la caza mientras cazaba, los pleitos
mientras pleitaba.
UNA TRANSFORMACION INOPERANTE
Una vez por mes, el arquitecto Ramallo se convertía en el señor Aldo
Villar y éste en el arquitecto Ramallo.
Mientras duraba el hechizo, ninguno recordaba su estado habitual. Y
luego, tampoco recordaban haber sido hechizados.
Sus mujeres y amigos jamás advirtieron que algo muy extraño ocurría.
Lo que existe y no se percibe, bien podría no existir.
EL DISIMULO DE LOS HOMBRES LOBO
Los viernes a la noche, los séptimos hijos varones de algunas familias de
Flores se volvían lobizones. En un tiempo se originaban innumerables
escándalos y episodios sangrientos. Pero con los años, los lobizones
aprendieron a amainar sus instintos, a cuidar sus modales y a maquillar sus
hocicos repugnantes. La gente les fue perdiendo el miedo primero y el
respeto después.
Los muchachos del barrio lo corrían a pedradas y, en el mejor de los casos,
se burlaban de los hombres lobo, rebautizándolos con apodos infamantes.
Una noche, hartos de recibir humillaciones, los monstruos semanales
abandonaron todo recato y recorrieron el barrio pegando alaridos y lanzando
tarascones al aire. Sin embargo ya era demasiado tarde. Habían perdido la
autoridad que es indispensable para asustar. Nadie volvió a tomarlos en serio.
Hoy los lobizones se ocultan y se reúnen en locales secretos, recordando
sus hazañas del pasado.
LAS MELLIZAS GARCERON
Las mellizas Irma y Julia Garcerón acostumbraban a compartir a sus novios.
Cuando una de ellas se relacionaba con un caballero no tardaba en enviar a
la otra como reemplazo. Bien se ve que aquí no exixtía metamorfosis, sino
impostura.
Cierta vez, Irma se puso de novia con Andrés, uno de los trillizos
Mantegari. Estos hermanos también tenían la costumbre de poseer sus amores en
común.
Por cierto, este era un noviazgo que admitía seis formas diferentes:
1) Irma y Andrés.
2) Irma y Carlos.
3) Irma y Luis.
4) Julia y Andrés.
5) Julia y Carlos.
6) Julia y Luis.
No todas las fases se daban del mismo modo. Julia y Carlos se amaban
tiernamente. Irma y Luis se detestaban. Carlos e Irma no se habían visto
nunca.
Ni las Garcerón sospechaban de los Mantegari, ni los Mantegari dudaban de
las Garcerón.
Una noche Julia se casó con Luis creyendo hacerlo con Carlos. Carlos,loco
de celos, estranguló a Irma, pensando que su víctima era Julia. Andrés fue
condenado a prisión y Julia lo visitaba creyendo que era Carlos.
Manuel Mandeb intentó escribir la historia de estos amores, pero apenas
dejó media carilla, llena de tachaduras y rectificaciones.
EL HOMBRE QUE SE TRANSFORMABA DEMASIADO
El doctor Maderna aprendió a convertirse en mariposa cuando era un
adolescente.
Más tarde adquirió nuevas destrezas y así llegó a transformarse en gato, en
anguila, en pez, en caléndula y en escritorio.
Siendo adulto era capaz de convertirse en cualquier objeto a su capricho.
Sin embargo, sus metamorfosis se hicieron tan frecuentes que su familia
vivía en inquietud constante. Nadie se atrevía a matar a una cucaracha,
por temor a que se tratara del doctor Maderna. Una noche lo arrojaron a
la basura bajo la forma de una esponja usada y un domingo estuvo a punto
de ser devorado por su propio hijo, quien no supo reconocerlo en un chorizo.
Cada vez era menos asidua su apariencia original.
Eso sí, nunca dejaba de asumirla el día de su cumpleaños, para no perderse
obsequios y homenajes.
Una madrugada entraron ladrones y se lo robaron, cuando era un jarrón de
cristal. Nunca más se supo de él.
Desde entonces, su pobre esposa recorre las casas y negocios de la ciudad,
hablando tiernamente a los floreros:
- Ramón... Ramón... Maderna...
Pero los jarrones siempre son jarrones, o acaso son alguna otra persona.
EL EXTRAÑO CASO DEL HOMBRE Y LA BESTIA
Es posible imaginar un Jeckyl y un Hyde cuya historia sea estropeada por
una poción mal preparada.
Las características humanas y bestiales aparecen en forma inoportuna: el
protagonista es brutal aun antes del brebaje, o mantiene rasgos amables
después de él.
A menudo es Jeckyl y Hyde al mismo tiempo y hasta hay ocasiones en que no
es ninguno de los dos.
Un mal farmacéutico es fatal para la literatura.
REFUTACION DE LEYENDAS
La verdadera transformación es imposible.
Para ser otro, hay que dejar de ser uno. Hay que aniquilarse.
Lo que hace que un hombre sea uno y no otro, es - decía Unamuno - un
principio de unidad y continuidad. De unidad en el espacio, a través del
cuerpo; de continuidad en el tiempo, por una serie continua de estados de
conciencia, certificada por la memoria. Y no se puede ser cabalmente algo
sin apropiarse de su sucesión, es decir de su pasado, su presente, su futuro.
Así, la transformación exige renunciar a ser y a haber sido.
De este modo, si en verdad uno se convierte en otro, no es posible ni
siquiera percibirlo.
De hecho es posible que se produzcan metamorfosis a cada minuto, con los
nulos resultados que se señalan en la historia berkeleyana de los señores
Ramallo y Villar.
Manuel Mandeb, usando estos argumentos, escribió que la reencarnación es
una institución cuyos efectos son idénticos, sea que exista o que no exista.
La ausencia de memoria de nuestras encarnaciones anteriores y la falta de
rasgos comunes entre una y otra vida son factores decisivos para el hombre
de Flores.
"Digamos que yo he sido sacerdote en Tebas, pirata en el Helesponto,
campesino en la Edad Media, perfumista en Ferrara, ferroviario en el
siglo pasado y ahora éste que soy. Pues bien: ¿a qué cosa he aludido
en verdad al escribir yo en el comienzo de este período? Si no hay cuerpo
ni estados de conciencia ni memoria ni rasgo alguno que preste unidad a mis
encarnaciones pasadas y futuras, entonces yo es menos que una vacante en el
amoblamiento universal.
"No digo que la reencarnación no exista. Digo que es imperceptible y peor
aun: que para mí, para los otros, para los que fui y para los que seré,
tanto da su existencia como su inexistencia."
Se dirá que es posible concebir una transformación con memoria del estado
anterior. Y yo diré que será una transformación imperfecta. Si quiero
convertirme en Tomás Sanz - permítaseme el ejemplo burdo - deberé llevar
conmigo, entre tantos rasgos, la memoria de Tomás Sanz, que ciertamente
no incluye el recuerdo de haber sido otro.
Asuntos sin interés son éstos, bien lo comprendo, para las personas
decentes de nuestro tiempo, ocupadas más bien en obtener tarjetas de
crédito.
Tal vez, en un improbable futuro, los lectores razonables se transformen
en gentes enloquecidas y disfruten de estos modestos caprichos. O mejor
aun, quizá este columnista delirante experimente una saludable metamorfosis
y escriba crónicas de cine, para alegría de sus amigos y favorecedores.