"Argentinos: Sus vicios más secretos", de Carlos Trillo y Alejandro Dolina






en SATIRICON n° 6; abril de 1973.-


Investigación:
ARGENTINOS: SUS VICIOS MAS SECRETOS.


Se dice generalmente que un hombre honesto, o
decente, o puro, o probo, o limpio, u honrado u
honorable es aquel que no tiene vicios.
Vicios conocidos, se entiende.
Porque detrás de cada impoluto padre de familia hay
un libidinoso en ciernes, un maníaco sexual en
potencia, un pederasta reprimido, una verdadera
porquería de tipo.
Los autores de esta investigación, pecadores como el
que más, se propusieron demostrar que nadie, nadie en
estas tierras puede decir que no tiene un vicio
secreto, una manía inconfesable.
Y conste que los vicios que constituyen el objeto de
esta nota no son ni el juego, ni las mujeres, ni la
bebida, ni ningún tipo de papelón más o menos público
o narrable, al menos, en el confesionario o en el
diván. Uno puede contarle al sacerdote que ha deseado
a la mujer del prójimo, pero no que se come los
mocos.


EL BAÑO: ESE ANTRO DE PERDICION.

El silencio y la soledad del baño son propicios para el pecado. Es
allí donde, luego de trabar la puerta, los libertinos dan rienda suelta a
sus más bajas pasiones.
Así, hay quienes ofician ante el espejo el rito de ensayar expresiones
artísticas, como ser sonrisas a lo Gardel, cara de tapa de Radiolandia, mueca
para asustar a los sobrinos, movida de oreja, señas para hacerles a las
señoritas en la vía pública y otras degeneradeces.
El espejo sirve también de interlocutor para futuras declaraciones de
amor, futuros pedidos de aumento y futura puesta de puntos sobre las íes al
cuñado.
Cuesta decirlo, pero en el baño hay otras tentaciones. Quién puede
decir que nunca ha orinado en la bañera mientras se duchaba; quién no ha
cedido a la impostergable necesidad de probarse la peluca de la cónyuge,
madre o hermana, y quién no ha jugueteado voluptuosamente con el chorro del
bidet.
Uno no es de madera.

USOS MALSANOS DEL PROPIO CUERPO.

Los viciosos vernáculos encuentran campo propicio para sus
abominaciones en zonas de su propia anatomía.
Solemnes ejecutivos palian su soledad rascándose la caspa con las
uñas; y no termina ahí su espantosa lubricidad: los muy perversos culminan
su infamia limpiándose las uñas con los dientes. Y hasta hay algunos que, no
conformes todavía, escupen el excipiente contra la pared. O peor, contra un
secante para luego examinar éste con malsano placer.
La nariz, y esto lo saben los pecadores, no sólo sirve para respirar.
A uno se le van los dedos.
El vicio de meterse las falangetas (por no decir las falanginas y las
falanges) en la nariz, es viejo como el mundo. No así el de pegar el
producto nasal debajo del escritorio, pues sabido es que los escritorios son
de invención relativamente reciente.
Es fácil reconocer la condición social de una persona con sólo
espiarla cuando se hurga las narices. He aquí algunos ejemplos:

[Van aquí cuatro dibujos de Oskar Blotta. Habrá que imaginarlos...]

Pero el cuerpo no termina en la nariz. Ni siquiera la cara termina en
la nariz. Ahí está, sin ir más lejos, la oreja, órgano parasexual productor
de cera, que es tan divertida. Y la boca, que tanto sirve para besar como
para hacer pedorretas o succionar los residuos de comida que quedan dejados
de la mano de Dios, allá por las muelas.
El cuerpo humano proporciona también un mayúsculo placer: el de
rascarse.
Hay partes que uno puede rascarse en público sin comprometer su buen
nombre y honor. Otras, las más entretenidas, no.

USOS PECAMINOSOS DE CUERPOS AJENOS.

El más habitual de los usos pecaminosos y secretos que puede llevarse
a cabo sobre cuerpos ajenos sin que nadie se entere ni grite es el mirarlos.
Este vicio, muy popular por otra parte, puede ejercerse de las más
variadas formas y en las circunstancias más disímiles.

[Siguen otros cuatro dibujos; a ejercitar la imaginación]

OTRAS VARIEDADES

Además de las abyecciones nombradas, podemos citar a vuelapluma
muchas otras. Ahí van.

-Tocar timbres y darse a la fuga.
-Caminar por el cordón de la vereda.
-Enamorarse de la maestra.
-Patear tachos de basura.
-Desnudar con la mirada.
-Raspar los postes de la parada del colectivo.
-Escribir poemas de amor.
-Escupir por la ventana del tercer piso.
-Orinar haciendo arabescos.
-Etcétera.

Y el que esté libre de pecado, que entre primero al baño.


CARLOS TRILLO.
ALEJANDRO DOLINA.




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