Sexo digital
Por Fernando Bonsembiante
El debate por el tema del sexo por computadora no es nuevo. Sistemas
on line norteamericanos como Compuserve hace años que tienen enormes
cantidades de imágenes que van desde lo levemente erótico hasta lo
decididamente pornográfico. El criterio que aplicaban era sencillo:
ya que todos sus usuarios deben pagar para acceder, y tienen una clave
privada, sólo tenían acceso a las imágenes pornográficas los mayores.
El problema con Internet es que no es un sistema centralizado, ni
nadie controla quien accede a que. De esta forma, si alguien pone a
disposición de todos imágenes pornográficas, es para TODOS. No hay
forma de restringir el acceso por edad. Otro problema es el carácter
internacional de la red. Si en Estados Unidos deciden tomar acciones
legales contra quienes 'pejudican la moral', cualquiera puede poner
su server en Holanda, en Suecia, o en cualquier país con leyes más
permisivas. Como dijo el pionero del cyberespacio, John Gilmore, "La
red interpreta a la censura como daño, y rutea alrededor de ella".
Esto significa que, dada la estructura de la red, siempre va a haber
una forma de acceder a la información 'prohibida'. Por ejemplo, si
en una universidad cierran el acceso a determinado server que contiene
imágenes porno, es posible utilizar una máquina accesible desde allí
para hacer otra conexión a la computadora 'prohibida'. Si se prohibe
participar en un newsgroup sobre sexo, siempre existen 'remailers',
máquinas intermedias a las que se le envía un mensaje, y a su vez lo
vuelven a mandar a su destino, con lo que se pierde la información
de quien lo envió, manteniendo el anonimato para esa persona. Otra
posibilidad es usar 'servers de anonimato', máquinas donde alguien
puede tener un nombre falso de usuario, y puede mantener correspondencia
con cualquiera que ni sospechará de dónde vienen los mensajes.
La solución no está en la censura. Howard Rheingold, autor de 'The
Virtual Community' (la comunidad virtual), propone una solución: la
educación de los hijos. Si se les enseña a manejar correctamente su
e-mail, y a consultar con sus padres cada cosa que no entiendan o les
asuste, no corren mayor peligro que el que hay en su vida cotidiana.
La pregunta que plantea es: '¿Cómo le enseñamos a nuestros hijos a
vivir en un mundo incensurable?'. Esta pregunta no sólo se aplica al
mundo del cyberespacio, sino también a eso que llaman 'vida real'.
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