Pelotas de trapo por Alejandro Dolina
Featuring:
Relator/Relator futbolístico: Guillermo Stronatti
Al Pirovano: Alejandro Dolina
Coco Moyano/Harker/Henderson: Gabriel Rolon
Jimmy Tornú/Wynalda: Jorge Dorio
Churruca: Sonia Rolon
[Relator]
Estados Unidos de América. 1994. Por primera vez el coloso del norte será la
sede del más grande evento deportivo de los tiempos modernos: el campeonato
mundial de fútbol. Miles de millones de personas serán testigos de los encuen-
tros entre los equipos más destacados de los cinco continentes. El pueblo nor-
teamericano sabe que sus deportistas son los mejores del mundo, el pueblo nor-
teamericano sabe que su bandera flamea triunfante en todas las disciplinas, el
pueblo norteamericano sabe que el destino manifiesto de su nación es la victo-
ria, el pueblo norteamericano, de fútbol, no sabe nada. Pero desde la Casa
Blanca ha salido una orden: el presidente necesita que Estados Unidos sea cam-
peon del mundo. A la concentración del equipo nacional han llegado dos enviados
extraoficiales de Clinton. ¿Son agentes secretos? No. ¿Son estrategos milita-
res? No. ¿Son secretarios de estado? No. ¿Son mafiosos? Si. Se trata nada menos
que del jefe de todas las familias de La Cosa Nostra, Al Pirovano y de su fiel
ayudante, Jimmy Tornú.
[Al Pirovano]
Oiga, amigo. ¿Es usted el entrenador del seleccionado norteamericano?
[Coco Moyano]
Si, Coco Moyano a sus órdenes.
[Jimmy Tornú]
Oiga, jefe, este hombre tiene aspecto de loco.
[Coco Moyano]
Si, debo estar loco por haber aceptado este puesto.
[Al Pirovano]
Pero, ¿por qué dice eso, amigo?
[Coco Moyano]
Estos veintidós miserables que me han dado no pueden ganarle a nadie.
[Al Pirovano]
¿Pero acaso no son los veintidós mejores jugadores de la nación?
[Coco Moyano]
Si, lo son. Son los mejores, y además los únicos. Nadie quiere jugar al fútbol
en este país. Reclutarlos fue durísimo. Convictos a los cuales se les prometió
la libertad, condenados a muerte, veteranos de Vietnam que creen que aún no
terminó la guerra. Perdemos todos los partidos. Por suerte nadie se dará cuen-
ta, aquí nadie entiende este deporte.
[Al Pirovano]
Pues tengo malas noticias, amigo. Yo me daré cuenta, y usted pagará las conse-
cuencias.
[Coco Moyano]
¿Es una advertencia?
[Al Pirovano]
No, es una amenaza.
[Coco Moyano]
¿Desde cuando la mafia se interesa en el soccer?
[Al Pirovano]
No se confunda, amigo. No le hablo como mafioso, sino como norteamericano. El
presidente de los Estados Unidos nos ha ordenado ganar el mundial.
[Coco Moyano]
¿Es que el presidente está loco?
[Al Pirovano]
Bueno, solo un loco puede aceptar el cargo de presidente de los Estados Unidos.
[Coco Moyano]
De todos modos, yo no lo voté.
[Al Pirovano]
¡Ya basta! Seré breve y claro. Si no sale usted campeon del mundo la conferen-
cia la dará en el fondo del Potomac, amarrado a un bloque de cemento y con tres
balazos en la frente.
[Jimmy Tornú]
Ganemos tiempo, jefe. Matémosle ya.
[Al Pirovano]
Espera. Démosle una oportunidad.
[Coco Moyano]
Oiga, Pirovano, yo no puedo hacer milagros.
[Al Pirovano]
Pues nosotros sí, amigo. Tenemos un plan para darle una mano.
[Coco Moyano]
Me gustaría saber de qué se trata.
[Jimmy Tornú]
Oh, ya lo sabe amigo, son esas cosas que tenemos al final de los brazos, suelen
tener cinco dedos, se usan para rascarse, para jalar del gatillo de pistolas
como esta, para acariciar mujeres, y si no hay mujeres, para...
[Al Pirovano]
¡Ya basta! ¡Ya basta, idiota! Y usted, señor Moyano, siga trabajando con el e-
quipo y deje que nosotros nos encarguemos del resto.
[Relator]
Entretanto, aficionados de todo el mundo llegan a los Estados Unidos para alen-
tar a sus equipos.
[Cantan hinchas nigerianos]
Ay nigeriano
Ay nigeriano
Para ganar el mundial
No la agarrés con la mano
Porque te cobran penal
[Relator]
La hinchada de Holanda.
[Cantan hinchas holandeses]
Y cuando los holandeses agarramos la manija
Y cuando los holandeses agarramos la manija
Toda la gente nos grita
Que jugada tan prolija
Ea ea ea ea ea ea ea e
[Relator]
La hinchada de Brasil.
[Cantan hinchas brasileros]
Si llega a haber un empate y el partido se prolonga
Si llega a haber un empate y el partido se prolonga
Los brasileros queremos
Algún negro que la ponga
Ea ea ea ea ea ea ea e
[Relator]
La hinchada de España.
[Cantan hinchas españoles]
Vení arrimate borombombom
Vení movete borombombom
Si no se rompen borombombom
Nos meten siete borombombom
[Relator]
Y también los Rusos.
[Cantan hinchas rusos]
Aba, naguila aba, naguila aba,
naguila ve...
[Relator]
Pero no todos los cantos eran a favor. Tambiém había algunos para intimidar a
los rivales.
[Cantan hinchas]
Ya todos saben que Alemania está de luto
Son todos rubios, no lo discuto
[Relator]
Y tambien...
[Cantan hinchas]
Noruega, Noruega, Noruega se inundó
Y a todos los noruegos el agua los tapó
[Relator]
E incluso...
[Cantan hinchas]
Si jugamos con Italia nos besan las italianas
Si jugamos con Nigeria nos besan las nigerianas
Si jugamos con Bolivia nos besan las bolivianas
Ea ea ea ea ea ea ea e
[Relator]
Mientras tanto, Al Pirovano y Jimmy Tornú seguían adelante con su plan.
[Jimmy Tornú]
Jefe. He conseguido a la mujer que usted me pidió.
[Al Pirovano]
¿Está seguro de que servirá?
[Jimmy Tornú]
Oh, sí, jefe. Usted quería una mujer de vida airada.
[Al Pirovano]
No solo eso, Tornú. Debe ser una prostituta superior. Recuerda que tendrá que
seducir a todos nuestros rivales, deberá dejarlos exahustos. Jugadores titula-
res, suplentes, cuerpo técnico, presidentes de las delegaciones, y si fuera ne-
cesario, todos los simpatizantes. No es un trabajo para una perra cualquiera.
[Jimmy Tornú]
Mire, jefe. Le aseguro que esta mujer es la más grande meretriz de la nación.
[Al Pirovano]
¿Tan seguro estás?
[Jimmy Tornú]
Bueno, puede preguntarle a cualquiera. Pero además la maldita zorra es una po-
derosa hechicera experta en todo tipo de sortilegios. Mire si será buena que ha
logrado hechizar a un imbécil que le compra cosas y le da toda clase de gustos.
[Al Pirovano]
Oh, sí, conozco a ese tipo de sujetos. El idiota debe ser un repulsivo buitre
asexuado. Ah, como desprecio a esos hombres. Pero bueno, volvamos a lo nuestro.
Presénteme ya a esa bruja ramera.
[Jimmy Tornú]
Muy bien, jefe. Adelante señorita.
[Al Pirovano]
¡Churruca! ¡Mi prometida! ¡¿Qué significa esto?!
[Jimmy Tornú]
Bueno, jefe. ¿No es esto lo que usted quería? No hay en todo el país una mujer
más rijosa que esta, usted debería saberlo.
[Al Pirovano]
Oh, yo creí siempre que se trataba de una mujer honesta.
[Jimmy Tornú]
Pues en lo suyo es honesta. Ni siquiera lo hace por plata. Lo que más le gusta
es hacer el amor, bah, fornicar.
[Al Pirovano]
Churruca. Exijo una explicación.
[Churruca]
Verás, querido. Se encuentran un hombre y una mujer... comienzan a acariciar-
se... acto seguido se sacan la ropa...
[Al Pirovano]
Basta, esto es terrible, Tornú. Déjame a solas con mi novia. Churruca, espera
que se vaya. Churruca, Churruca dime que todo esto es mentira.
[Churruca]
Ay, amor. Mis cruces con los hombres son un juego sin importancia. Y además en
esta ocasión no lo hago solamente porque me gusta, ¿sabes? Lo hago por los pa-
dres fundadores, lo hago por la bandera tachonada de estrellas, lo hago por los
niños americanos, por el modo de vida americano, lo hago por tí.
[Al Pirovano]
Tienes razón, ¿sabes? No debo ser tan egoísta. Dime, Churruca, ¿me ayudarás a
conseguir el campeonato del mundo?
[Churruca]
Claro que sí.
[Canta Churruca]
Ay, yo soy así
Y es porque tengo mis motivos
Para mi el amor
Es siempre un juego colectivo
Donde juegan veintidos
[Canta Al Pirovano]
Ay, no seas así
Yo no soporto la derrota
Sepan que yo aquí
El dueño soy de la pelota
Quiero todo para mí
[Cantan Churruca y Al Pirovano]
Sepan disculpar
Yo solo quiero lo imposible
Complacerme a mí
Es la venganza más terrible
Que se pueda imaginar
[Al Pirovano]
Amor mío, nada me importa. Ven a mis brazos.
[Churruca]
Sí, Pirovano, bésame, acaríciame, tómame.
[Al Pirovano]
Sí, sí, sí.
{Aplausos, vítores y gritos de gol}
[Al Pirovano]
Gracias.
[Relator]
Finalmente llega el día. Comienza el gran evento. Antes del primer partido las
delegaciones de todos los países participantes desfilan con sus banderas, sus
trajes típicos, sus mascotas y su música, la música que identifica a cada na-
ción. Alemania...
{Musiquita}
[Relator]
Brasil...
{Musiquita igual a la anterior}
[Relator]
Colombia...
{Musiquita igual a la anterior}
[Relator]
Grecia...
{Musiquita igual a la anterior}
[Relator]
Estados Unidos...
{Musiquita igual a la anterior}
[Coco Moyano]
Aquí están nuestros muchachos. Esta es nuestra música.
[Al Pirovano]
Oh, ahí están nuestros rivales. A todos los hemos derrotado antes. Miren, los
alemanes, les ganamos en la Segunda Guerra Mundial. Y lo mismo sucedió con los
italianos. España, ja, a esos los derrotamos en la guerra de Cuba. ¿Rusia? No-
sotros derribamos el muro de Berlín y acabamos con el poder soviético. ¡Y ahí
están los japoneses! A esos también los vencimos.
[Jimmy Tornú]
Oh, disculpe, jefe. Esos no son japoneses, son bolivianos.
[Al Pirovano]
Bueno, lo mismo da. La bandera tachonada de estrellas debe salir victoriosa una
vez más.
{Sonido de silbato}
[Relator]
Se dio la pitada inicial. Empezó el fútbol para todos, pero para Churruca empe-
zó otro juego. El juego del amor y de la magia.
[Jimmy Tornú]
Jefe, hemos ganado el primer partido. Esto funciona.
[Al Pirovano]
Sin embargo ha sido muy difícil, he debido sobornar al árbitro.
[Jimmy Tornú]
Bueno, el hombre ha cumplido. Otorgó diecisiete penales.
[Coco Moyano]
Sí. Y uno a cero no es mal resultado.
[Al Pirovano]
Si no fuera por ese colombiano que hizo el gol en contra.
[Churruca]
Bueno, sabrán que fue mi hechizo. Les hice confundir los arcos gracias a un
filtro de mandraura.
[Al Pirovano]
¿Y cual es el próximo partido?
[Coco Moyano]
Ahora nos toca jugar con Suiza. Nos van a llenar de goles.
[Al Pirovano]
¡Maldita sea! A esos nunca pudimos ganarles. No participan en guerras.
[Jimmy Tornú]
¡Malditos cobardes! Debieran aprender de nosotros. Nosotros participamos en to-
das las guerras. Incluso aquellas en las que no tenemos nada que ver.
[Al Pirovano]
¡Ya cállate! Y tú, Churruca. ¿Tienes algo pensado?
[Churruca]
Pues sí. Me pintaré los labios con tintura de belenio y los besaré uno por uno.
Sus músculos se convertirán en madera.
[Jimmy Tornú]
Oh, serán iguales a los nuestros, jefe. Por fin tendremos un partido parejo.
[Relator]
El equipo norteamericano venció a Suiza por penales. El siguiente escalón era
Rumania.
[Al Pirovano]
¿Qué les harás a los rumanos, Churruca?
[Churruca]
Bueno, untaré sus camisetas con la pomada del centauro Neso. Cuando alguno se
de vuelta, quedará convertido en estatua de sal.
[Jimmy Tornú]
Oigan, ¿y si no se dan vuelta?
[Al Pirovano]
Les chistaremos, maldita sea.
[Relator]
Gracias al sortilegio de Churruca, Estados Unidos logró empatar con Rumania y
pasó a la siguiente ronda. Allí el rival que los esperaba era uno de los gran-
des: Brasil.
[Jimmy Tornú]
Jefe, van dos minutos del primer tiempo y perdemos seis a cero.
[Al Pirovano]
¿Has sobornado al árbitro?
[Jimmy Tornú]
Oh, sí jefe, el hombre hace lo que puede. Ya anuló quince goles.
[Al Pirovano]
Oh, Dios, hay corner para Brasil.
[Coco Moyano]
¡Marquen a los nuestros!
{Gritos de gol}
[Al Pirovano]
Maldición, gol de Brasil. ¿Quién lo hizo?
[Coco Moyano]
Nuestro puntero derecho. ¿No lo ve trepado al alambrado?
[Al Pirovano]
Churruca, Churruca, ¿tú has hecho algo?
[Churruca]
Oh, sí, querido. ¿No sabes que estos partidos se definen por muerte súbita?
Pues ya verás.
[Relator]
El partido se definió por muerte súbita. A los treinta minutos del segundo
tiempo, los jugadores de Brasil murieron súbitamente. El control antidoping re-
veló que habían sido envenenados con cicuta. Estados Unidos ganó los puntos. E-
sa madrugada, Pirovano fue a felicitar a los jugadores.
[Al Pirovano]
Oye, oye Harker. ¿Duermes?
[Harker]
Sí.
[Al Pirovano]
Pues, oye, toma estos dos mil dólares. Felicitaciones.
{Harker bosteza}
[Harker]
Gracias.
[Al Pirovano]
Sigue descansando. Tú, tú, Wynalda. Wynalda. Despierta. Toma dos mil dólares.
[Wynalda]
Oh, gracias.
[Al Pirovano]
Henderson. ¡Henderson! ¡Henderson que te sucede! ¿Duermes?
[Henderson]
Eh, eh, no, no...
[Al Pirovano]
¡Churruca! ¡¿Qué haces aquí?!
[Churruca]
Estaba felicitando a nuestros muchachos. Se lo merecen. Es por la patria, ¿sa-
bes?
[Al Pirovano]
Muy bien, en ese caso toma dos mil dólares tu también.
[Relator]
El campeonato siguió adelante. Los alemanes fueron convertidos en monos, los i-
talianos en chanchos. Estados Unidos llegó a la final. El otro finalista era...
[Cantan hinchas argentinos]
Vamos, vamos, Argentina
Vamos, vamos, a ganar
[Relator]
Sí, Argentina.
[Al Pirovano]
Sí, Argentina. ¿Qué has pensado para ellos, Churruca?
[Churruca]
Verás, anoche estuve en la concentración argentina y les di a beber el licor
del pasado.
[Al Pirovano]
¿Y qué efecto produce?
[Churruca]
Bueno, quién lo bebe se convierte en un anciano. En una persona de otro tiempo.
Nuestro equipo enfrentará a una selección de veteranos de setenta años prome-
dio.
[Al Pirovano]
¡Bravo! Nuestro equipo no puede perder. Casi lo hemos logrado. El campeonato
mundial será para los Estados Unidos.
[Relator futbolístico]
Ya está Argentina en la cancha, pero qué sucede, los jugadores no son los de
siempre. Aquí nos alcanzan una nueva nómina de jugadores: Carrizo, Perfumo,
Marzolini, Lombardo, Monti, Natalio Pesia, Corbata, Moreno, Pedernera, Marado-
na y Lustó.
[Al Pirovano]
Oye, Churruca. ¿Por qué Maradona no se ha convertido en un anciano?
[Churruca]
Es que no hay modo de hechizar a ese jugador.
[Coco Moyano]
Oiga, Pirovano. Esos viejos decrépitos manejan la pelota fantásticamente. Hu-
biera preferido enfrentar a los otros.
[Relator futbolístico]
Lleva la pelota Pedernera, toca para Lustó, elude a un hombre, dos, tres, cua-
tro, cinco, la deja a los pies de Maradona, taco para Moreno, Moreno la duerme
en la nuca, toca sin mirar para Corbata, bicicleta de Corbata, hace pasar de
largo con un sombrero al número dos, recibe Pedernera, Pedernera, Pedernera,
entra al área, elude al arquero, ¡goooooooooooooooooooooool argentino!
[Al Pirovano]
Churruca, te mataré. Esos ancianos nos van ganando cuatro a cero y nuestros
hombres ya están exhaustos.
[Relator futbolístico]
Terminó el partido. Argentina catorce, Estados Unidos cero. Argentina es el
nuevo campeon del mundo.
[Al Pirovano]
Tendrás que explicarme esto. Tu error nos ha costado muy caro, Churruca.
[Churruca]
Ay, no, no ha sido un error, Pirovano. Debo confesarte algo. ¿Ves lo que hay
debajo de mi vestido?
[Al Pirovano]
Bueno, sí, ya lo he visto otras veces.
[Churruca]
Ay, no me refiero a eso.
[Al Pirovano]
Oh, oh, oh, ¡una camiseta argentina!
[Churruca]
Sí, Pirovano. Soy argentina.
[Jimmy Tornú]
Oh, jefe. Prostituta, hechicera y argentina. Si que las elige bien.
[Churruca]
Y ahora los dejo. Debo ir a festejar con mis compatriotas.
[Al Pirovano]
Nadie festejará. Odio a los argentinos.
[Jimmy Tornú]
Bueno, todo el mundo los odia, jefe. Los hinchas de los demás paises hacían
fuerza por nosotros.
[Al Pirovano]
De todos modos les arruinaré la fiesta. ¿Saben que tengo aquí?
[Churruca]
Bueno, sí, ya lo he visto otras veces.
[Al Pirovano]
No me refiero a eso, sino a esto. Es una granada. Haré estallar todo el maldito
estadio.
[Jimmy Tornú]
Oh, no, no, no lo haga, jefe. Moriremos todos.
[Al Pirovano]
Pues prefiero morir antes de ver a mi equipo derrotado.
[Jimmy Tornú]
¡Va a estallar!
{Explosión}
[Relator]
La granada estalló, pero estaba hechizada por Churruca. De su interior brotaron
millones de papelitos celestes y blancos. La onda expansiva trastornó las men-
tes de los norteamericanos y todos se reunieron en el obelisco de Washington
para vivar al campeon.
[Cantan yanquis trastornados]
Vamos, vamos, Argentina
Vamos, vamos, a ganar
Que esta barra bullanguera
No te deja, no te deja de alentar
Emitido el 17/6/94 en el Sindicato del Seguro y transmitido por Radio Continen-
tal.
Laboriosamente desgrabado por Diego Papic.