Un profeta digital
Por Fernando Bonsembiante
El edificio, diseñado por el arquitecto I. M. Pei, fue
descrito por Stewart Brand como 'escultura habitable',
impersonal y fría, que dificulta la comunicación entre
los grupos que trabajan en su interior. A pesar de eso,
la comunicación, precisamente, es el motivo mismo de la
existencia del edificio. Porque adentro se está
trabajando para revolucionar las comunicaciones. No por
nada se llama 'The Media Lab', el laboratorio de medios
del mundialmente famoso Massachusets Institute of
Technology.
Reconocido entre sus pares como un gurú, Nicholas
Negroponte dirige el laboratorio, que él mismo fundó
junto con el ex-presidente del MIT, Jerome Wiesner.
Nacido de una tradicional familia naviera griega, educado
en Suiza, elegante, refinado, es muy difícil asociarlo
con la mítica imagen del 'científico loco' o la más real
del pionero de la revolución informática que en realidad
es. Está acostumbrado desde su infancia a tratar con
millonarios y jefes de estado, es considerado un
negociador brillante y más de una compañía quisiera
tenerlo como vendedor en su staff. A pesar de eso, es
reconocido como uno de los intelectuales que están
definiendo el futuro de la tecnología, y sus palabras son
leídas con devoción por expertos en todo el mundo. Es el
gurú de los gurúes informáticos, nadie que esté realmente
metido en la revolución digital no lo conoce. Arquitecto
de profesión, empezó trabajando en el problema de la
interacción hombre-máquina, y terminó dedicando su vida a
su creación, el laboratorio de medios. Sus declaraciones
son como profecías: 'Las compañías de teléfono y las de
televisión por cable son en realidad la misma cosa. Las
empresas de cable van a tener que aprender a llegar a los
usuarios uno por uno en vez de a todos a la vez. Las
compañías de teléfono van a tener que aprender a ser más
emprendedoras'. Fue conocido por el público gracias al
libro 'El laboratorio de Medios', de Stewart Brand, en
1987. El subtítulo 'Inventando el futuro en el MIT' ya lo
dice todo. En este libro fue presentado como el
visionario que dirigía al laboratorio hacia el futuro,
mostrando el camino que las empresas seguirían dentro de
diez o veinte años. Ahora volvió a la atención pública
gracias a su columna mensual en la revista 'Wired', donde
habla sobre la tecnología y su relación con el hombre. La
recopilación de las columnas, ampliadas y corregidas,
acaba de salir en forma de libro. 'Being Digital' (ser
digital, o 'vida digital', como fue traducido en Brasil)
es una guía completa de sus ideas y proyectos.
Está planteado como la contraposición del mundo del
átomo, en el cual si queremos comprar libros de España
tenemos que transportar pesadas cajas, a un costo enorme
y tardando meses, y el mundo de los bits, donde al
instante podemos obtener información del otro lado del
mundo sin pagar nada de aduana o de envío. Según sus
propias palabras 'el cambio de átomos a bits es
irrevocable e imposible de detener'. La realidad parece
darle la razón. Dice en su libro 'La población de
Internet está creciendo a un ritmo del 10 por ciento por
mes. Si continuara este ritmo (bastante imposible), el
número total de usuarios de Internet sería mayor a la
población del mundo para el año 2003.'
El laboratorio y la empresa
Las grandes empresas como IBM tienen sus propios
departamentos de investigación. Grupos empresarios crean
empresas cuyo único objetivo es el desarrollo de un
producto. Pero la investigación es cara, y se justifica
sólo en el caso de que se sepa que los resultados a corto
plazo van a pagarla. La investigación a largo plazo es
también redituable, aunque no sepamos siquiera si va a
llegar a alguna parte. Lo ideal para las empresas es
sacarse el problema de encima y contratar a alguien para
que piense en el futuro por ellos. Empresas como IBM,
Microsoft, SEGA, Sony, Toshiba, General Motors, por
nombrar unas pocas, invierten millones de dólares por año
para que se haga investigación en el laboratorio.
Cualquier donación menor de 200.000 dólares anuales es
una pérdida de tiempo para Negroponte. Además del
meramente económico, las empresas tienen que pagar otro
precio. Todo lo que se haga en el laboratorio, por más
que sea pagado por una compañía en especial, está
disponible para ser examinado por todos. Ninguna compañía
se resiste a la lógica de Negroponte: 'si no quieren que
mostremos lo que estamos haciendo para ustedes, no les
vamos a mostrar a ustedes lo que estamos haciendo para
otros'. En un medio de competencia tan dura, el precio de
la exclusividad es demasiado como para pagarlo, todos
prefieren poder ver la totalidad de los experimentos del
edificio. Para las empresas, colaborar en un desarrollo
con la universidad vale la pena. El MIT tiene el record
mundial de ganancias por royalties de una sola
tecnología: 19 millones de dólares por licensiar una
tecnología de memorias de computadoras para IBM y otras
empresas. Por las cantidades de dinero que manejan podría
considerarse una industria exitosa, pero no venden ningún
producto derivado de las tecnologías que producen.
Investigan para otros, y lo único que venden son los
resultados de la investigación. Pero no olvidemos de que
se trata de una universidad. Como Jerome Weisner dice en
el libro de Stewart Brand: "Los nuevos proyectos
interdisciplinarios están hechos por los estudiantes, no
por la facultad. Nosotros podemos sentarnos y soñar, pero
algún chico va a elegir un programa para sus estudios de
postgrado, el que va a tener ciertas características que
agraden a otros estudiantes, y pronto aparece un
movimiento." Un profesor dijo "El secreto del éxito del
MIT es que tenemos los mejores estudiantes del país. Lo
que hacemos los profesores, o cómo lo hacemos, parece
casi irrelevante".
La unión de tres mundos
El campo de investigación del Laboratorio es el punto
donde se intersectan la industria del cine, la radio y la
televisión con la industria de la comunicación impresa y
la industria de la computación. En 1979, cuando
Negroponte empezó a predicar su credo digital, esa unión
no parecía obvia, pero ahora, MTV ofrece su propio
servicio de información en Internet (mtv.com), se pueden
comprar CD's y libros a través de la red, es posible ver
el catálogo de Toyota en CD ROM, y la Enciclopedia
Británica fue declarada muerta a manos del CD ROM.
'Los canales para distribuir diferentes tipos de
información, como los conocemos hoy, van a intercambiar
los lugares. La mayoría de la información que hoy
recibimos a través del aire (televisión, por ejemplo)
mañana va a venir por tierra a través de un cable. La
mayoría de lo que recibimos por tierra (como el servicio
telefónico) va a venir por el aire.' Esta profecía,
llamada 'el intercambio de Negroponte' está empezando a
ser cierta. El auge de la televisión por cable y la
telefonía celular es solo el comienzo. La televisión
digital va a ser otro de los resultados de este
intercambio que veremos en un futuro no tan lejano. En
vez de enviar imágenes capturadas por una cámara, donde
el que elije lo que uno va a ver es el canal de
televisión, podríamos transmitir un modelo matemático de
la escena, con el cual podríamos ver el partido de
adentro de la cancha, desde el punto de vista de
Maradona, o, si tuviésemos ganas, desde el de la misma
pelota.
El proyecto más ambicioso del laboratorio es el de crear
computadoras que entiendan al usuario. Negroponte suele
decir que su computadora no lo puede ver ni saber que
está ahí, es ciega y sorda. Su objetivo es que la
computadora lo salude cuando llegue a la oficina y le
diga 'tiene tres mensajes esperándolo, uno de ellos es
del Presidente del MIT, así que mejor venga a verlo ahora
mismo'.
Uno de los trabajos preferidos del laboratorio es el
proyecto 'News in the future', noticias en el futuro. La
idea es que es absolutamente innecesario recibir en
nuestra casa todos los días una pila de papel cuando
solamente vamos a leer los titulares, la sección de
policiales y los chistes. Un 'diario inteligente' tiene
que saber que no nos interesa la sección de deportes,
pero que quisiéramos leer todos los sábados 'Futuro' y
los martes 'Lo nuevo', sin tener que comprar Clarín.
Tiene que ser lo suficientemente inteligente como para
sorprendernos con noticias que no pedimos explícitamente
pero que pueden interesarnos, o saber que si vamos a
hacer un viaje a Londres en pocos días nos puede
interesar saber el clima que vamos a encontrar y si va a
tocar alguno de nuestros grupos favoritos. La información
sobre el viaje la obtendría de la computadora de nuestro
agente de viajes, y la información sobre nuestros grupos
favoritos de las compras de nuestra tarjeta de crédito, o
directamente de la computadora de nuestro equipo de
música. Por otro lado, la computadora del equipo de
música debería saber que cuando volvemos cansados del
trabajo queremos escuchar algo de Vivaldi, pero los
sábados a la noche preferimos Mano Negra o los Beastie
Boys. Nuestra videocasettera debería saber que no
queremos perdernos Los Simpsons y que si en el noticiero
se menciona algo sobre Internet, por ejemplo, queremos
verlo aún si no estamos en casa. Pero todo esto es
posible solamente si las computadoras nos conocen. El
proyecto de Negroponte no apunta a que seamos esclavos de
las máquinas programando nuestras preferencias. Nadie
sabe programar una videocasettera 'tonta' actual, o nadie
quiere tomarse la molestia de hacerlo. Es mucho más fácil
decirle a la computadora 'grabame Los Simpsons', y que
ella se encargue de entender lo que decimos, buscar en
que canal y a que hora lo pasan, y grabarlo. También nos
tiene que decir, cuando llegamos a casa, 'hoy, a las 3 de
la tarde, pasaron una entrevista a Negroponte por el
canal 35 de cable, ¿querés verla?', sin que nosotros le
hayamos dicho nada, todo lo que sabe la computadora es
que acabamos de comprar 'Being Digital' y que por lo
tanto nos puede interesar. Otro ejemplo que Negroponte
repite es que si estamos en medio de una discusión
familiar el teléfono debería tomar la decisión de no
sonar, diciéndole a los que llaman 'el señor está ocupado
en este momento, llame mañana o deje su mensaje', con
toda la discreción de un criado inglés. ¿Cómo se daría
cuenta de cuando debe sonar y cuando no? Ese es
justamente el campo de estudio del Media Lab.
e-mail: ubik@ubik.com.ar