"Los Miedos Argentinos", de Carlos Trillo y Alejandro Dolina






en SATIRICON n° 9; julio de 1973.-


Fruncimientos.

LOS MIEDOS ARGENTINOS


El miedo, como todo el mundo sabe, no es sonso. De
ahí que su existencia sea la piedra angular de casi
todas las instituciones. Por eso, desde chicos, ya
nos empiezan a meter miedo: miedo al cuco, al hombre
de la bolsa, al Mercenario Joe y a tu padre cuando
venga.
Uno va creciendo y van inculcándole nuevos temores:
el infierno, la joroba que les sale a los mentirosos,
la vicedirectora, el jefe de celadores, el sargento
de guardia y la gonorrea.
Así se llega, finalmente, a la edad adulta con un
chucho de padre y señor mío.
Los autores de esta nota, dos maulas irrecuperables,
se han propuesto clasificar los miedos argentinos,
pretendiendo vanamente, con la exhibición de nuestras
cobardías más vergonzantes, plantar las bases para
una futura sociedad de valientes.


AGACHATE QUE VIENEN LOS INDIOS.

La primera clasificación que nos pasa por la cabeza es, obviamente,
la de los miedos más generalizados, de los que no se salva casi nadie.

AGARRARSE QUE AHI VAN:
a) Miedo a la cana. Este temor acomete de modo especial a los
chorros, quinieleros, patoteros, parejas en infracción, letristas
de tango, manifestantes, automovilistas chúcaros, cuatreros de
gallinas, delincuentes en general y gente decente con cola de
paja.
b) Miedo a la biaba. Lo padecen los niños, los referees, los
periodistas malditos, los pretendientes de señoras con marido
celoso, y los que pesan menos de 60 kilos.
c) Miedo a la yeta. Lo experimenta todo el mundo, y es el temor a las
cosas que secan, que son esas que ustedes ya saben y que aquí no
se van a nombrar ni aunque vengan degollando.
d) Miedo al qué dirán. También llamado miedo al ridículo o a quedar
mal, es el que impulsa a la gente a reprimir eructos, gritos de
alegría, llantos, ayes de dolor y otras cosas que salen del alma.
Lo padecen todos los miserables.
e) Miedo a Cámpora. Es un temor generalizado entre señores pudientes,
liberales, banqueros, brasileños, marinos, paladinos, manriques, y
comedidos que en el 55 pusieron una bandera en el frente de su
casa.
f) Otros miedos, como son, por ejemplo, el miedo a los cuernos, a la
pobreza, a las mujeres, a pedir aumento, al dentista, al mangazo,
a la huesuda, etcétera.


LEVANTATE QUE YA PASARON.

Los miedos tienen dos tipos de manifestaciones: una física y otra
espiritual.

LOS SINTOMAS FISICOS MAS POPULARES SON:
a) Sudor frío.
b) Aflojamiento de esfínteres.
c) Contracción de esfínter, vulgo, cortar clavos.
d) Evacuación intestinal.
e) Fuga precipitada.
f) Ocultamiento de la propia persona.
g) Ascenso de órganos genitales en dirección a la tráquea.
h) etcétera.

Espiritualmente, el terror produce estados de ansiedad o depresión
que se traducen en:

a) Retractaciones.
b) Modificación de recorridos.
c) Amuletos varios.
d) Discursos contemporizadores.
e) Solicitadas.
f) Obsecuencias.
g) Cambio de cerradura.
h) etcétera.


A MI NO ME ASUSTAN SOMBRAS...

A pesar de que todo el mundo tiene miedo, lo peor que le puede pasar
a un tipo es hacerse fama de miedoso. Así quedan marcados para siempre y
son despreciados por sus contemporáneos, los que se niegan a subir a la
montaña rusa, los que besan medallitas en los aviones, los pacifistas y los
que no se bajan del tren hasta que no para. Como una humilde contribución,
queremos aconsejar algunas actitudes que dan fama de guapo al más gallina.

HAY FRASES MUY INDICADAS. POR EJEMPLO:
a) Al pibe lo defiendo yo.
b) Usted a mí no me grita.
c) ¡Muera River! (dicha a voz en cuello en la tribuna de Boca).
d) Aserrín, aserrán, de la cancha no se van.

Además de las frases, también visten mucho las siguientes acciones:

a) Provocar parejas en patota.
b) Cruzar semáforos con luz roja.
c) Pegarle a las mujeres.
d) Practicar pesas.
e) Comprarse una moto y salir por ahí con una campera negra.
f) No usar corbate los sábados y domingos.
g) Silvar en el cine.
h) Dejarse la barba durante las vacaciones.
i) Hablar con voz gruesa.
j) Insultar anónimamente por teléfono.
k) etcétera.

En fin, para terminar, y en honor a la verdad histórica, proponemos
cambiar el enunciado de un viejo lugar común, transformándolo en la
siguiente afirmación:
-A mí por las malas me sacan hasta la camisa.


CARLOS TRILLO.
ALEJANDRO DOLINA.





Ah! Por si no lo sabían, el Mercenario Joe -que se menciona en la
nota- era uno de los "malos" de Titanes en el Ring.


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