UNO DE MIS GIROS por Esteban Sayegh







A Roger Waters


1:03 Thanatos
Morir, dormir, qué más. Bendita posición horizontal,
cuerpo en reposo, dónde se ha metido mi osito, cuánto hace
que desapareció si es que no murió en algún lugar de la
memoria o acaso yace cómodamente adormecido. Posición
horizontal pero, también, campo de batalla, un agitarse aquí
y allá, sudor: sangre.
Respiro. Cada tanto unas sombras a la altura de mi
pecho se levantan, se alzan por encima de las sombras,
apenas me dejan levantar la cabeza, gritar estoy vivo.
Después otra vez se hunden, peso inexorable, que se empeña
en caer siempre desde la altura para yacer aquí en la
sombra. Siento ganas de gritar estoy vivo estoy vivo estoy
vivo. No me muevo.
Quisiera gritar. Hay un silencio envolvente, oscuro. Un
tic tac silencio tic tac silencio tic tac. Oigo gotear la
canilla de la cocina, mi propia respiración regular que
marca el tiempo en este silencio goteante tictaqueante. De
vez en cuando llega el sordo ronronear de un automóvil bajo
mi ventana. Ella también ronronea de vez en cuando grrmmmm;
quizá como el auto, mecánica, impersonalmente. Ahora puedo
ver su cara ausente que de vez en cuando alza la vista hacia
mí y ronronea como esos gatos en el techo. Primero hay que
ganarla, rasguñar, maullar. Se sacuden allá arriba, siento
sus cuerpos pesados caer. Alguien siempre debe caer.
La sangre te bulle en el cerebro; falsas imágenes,
palabras engañosas. Tan sólo el depósito del baño gorgotea
incansable y mi única y solitaria respiración. Palabras
engañosas. Su ronronear engañoso, el de ella y el mío. Mis
palabras más bien. No es sólo ella, sólo su cara; ahí está
él, a la espera, agazapado como un gato en medio de todo
este silencio, esperando poder lanzarse sobre mí,
destrozarme como a un osito de peluche que uno quiere tanto
aunque tenga esa sonrisa estúpida. pero él no sonríe,
espera. Alguien siempre debe caer.
Por qué tengo que temblar como un idiota, ya se acabó
todo aquello. El ya no está, como mi osito, él era un
idiota, como el osito. Pero yo jugué al hijo de puta y por
eso ya no está. Yo hice que ella me eligiera, que ella lo
abandonara, no fue ella oh no, claro que no. No-fue-ella.
Cortina de humo, Yo-lo-maté. Mi dios, yo lo maté.

1:05 La Imagen Del Otro
Te detestaba no sabés cuánto. Odiaba profundamente tu
desinterés, tu entrega total a los otros resaltando nuestra
propia mezquindad, tu amable cuchillo bondadoso que no decía
si a mí me pasa algo es por culpa de los otros. Los otros:
nosotros. No tenías profundidad, no sabías bajar a los
abismos y ver al gusano que se retuerce allí abajo, el
oscuro gusano que dice Yo, la maldita larva pegajosa que
dice Yo. Caminabas por senderos luminosos donde todos
parecían previsibles, amables; donde todos te devolvían una
sonrisa, una mueca cortés, una realidad algodonosa. Y todos,
absolutamente todos, te admiraban y se despreciaban por
odiarte, se sentían sucios y pegajosos como gusanos.
Te odiaba. Eras un maldito espejo donde uno se veía
reducido a fango. Nos tolerabas, siempre tenías las
justificaciones que nos faltaban, tus malditas disculpas. Y
yo no toleraba que vos, justo vos, tuvieras que disculparme
todo. Mi mezquindad, mis gusanos. Porque con esa puta
tolerancia qué nos quedaba a nosotros, los que nos teníamos
que arrastrar detrás de nuestros intereses atados al cuello
con la lengua afuera. No sé bien por qué pero la cosa más
insoportable del mundo es la sinceridad absoluta. Todos
tenemos que vender una imagen de dignidad, no mostrar las
fallas, embellecerlas lo más posible. Vos no, por eso eras
el más gusano de todos. Yo me decidí a demostrártelo.
Sabía que la querías, que eras incapaz de ver en ella a
una mujer. Era la Diosa. No se si me interesaba realmente
ella, sólo intentaba hacértela ver como a una putita que
estaba con vos por asuntos de conciencia. Demostrarte que
eras un instrumento para que ella se sintiera buena. Claro,
no lo vi así entonces. Fue ella la que me sedujo, la que me
sonreía cuando te dabas vuelta, la que me invitó. Entonces
te vi engañado y creía ayudarte llevándomela a la cama. Pero
era el gusano el que se retorcía allí abajo, ahora
disfrazado de altruista. Era el momento de devolverte el
favor que nos hacías con toda tu maldita luz. Primero hay
que ganarla, rasguñar. Y realmente no alcanzarla nunca,
había algo que se interponía, que todavía hoy e interpone.
El odio. El gusano. El abismo insalvable.

1:08 Duérmete Niño, Duérmete Ya
Viene mamá con el osito. Es marrón, de felpa suave y
caliente. Lo tengo abrazado y cierro los ojos fuerte fuerte
fuerte para dormirme más rápido y para que la mañana llegue
enseguida. Lo quiero mucho y tal vez mañana le convide de mi
torta de crema. Pero no puedo dormir, hay gritos. Es mamá
que de nuevo le está gritando a papá. El escucha, no
contesta, no responde. Mamá probablemente salga de nuevo
esta noche, va a volver muy tarde y tal vez no haya torta de
crema en la heladera pero papá seguirá callado, no se
opondrá. Si quiere salir que salga, de todas formas él no
come torta de crema y chocolate. Hacé lo que quieras, le
dice. Y después hay un portazo, mamá se fue. Papá sale a
trabajar muy temprano.
Siento los alaridos de un gato, corren sobre el techo.
El tiempo es increiblemente largo, silencioso, oscuro, muy
oscuro. Miro las rendijas de la ventana por donde pasa un
débil rayo de luz, debo hacerlo cada tanto. Tal vez me quede
ciego. Tengo miedo de que unas garras invisibles me
arranquen los ojos. Espero agazapado en la oscuridad, quiero
oirla llegar. Abrazo al suave oso, al inconmovible oso, al
oso que no teme quedarse ciego porque no debe esperar.
Imágenes que ahora se agolpan numerosas, que despiertan
ellas también después de un largo sueño. Con ellas
despiertas no podré dormir. Y él está en medio de este
silencio. Recuerdo que por la mañana el osito apareció
decapitado, sangrando gomaespuma.

1:10 El Sueño De Los Justos
Colchón mullido, un nido donde me retuerzo, donde giro
sin parar, donde caigo, donde suelo amarla, un campo de
batalla donde nos devoramos, donde nos odiamos. Oh dios,
déjense ya de hacer tanto ruido, ¡quiero dormir!
Y vos, Alejandra, podés estar durmiendo. El lavó tu
conciencia ¿no? El te llevó de la mano hacia la luz para que
pudieras ir a la sombra. El está por encima de todas las
cosas. ¡Miren que rostro sonrosado y alegre el de nuestra
Magdalena junto al buen pastor! ¡Que adorable engaño, hijos
míos!
Duerme tranquila en tu lecho de rosas, hazte una santa,
una diosa, para que de una vez por todas podamos arrastrarte
a nuestro fango y hacernos nosotros dioses. Te veo contenta,
ausente, feliz, introvertida, anhelante y nostálgica. Te
creo, te entiendo, posiblemente no te quiera, apenas si me
odio. Y te envidio. Envidio tus ojos errados, tu dulce sueño
de niña cansada, tu total deshonestidad.
Hay un gato en mi terraza. Lo siento maullar, llamar
anhelante, afilar sus uñas, escudriñar en la oscuridad,
prepararse a saltar. Futuro próximo. ¿Dónde te has metido
gatita, por qué faltas justo hoy a la cita, cuando me siento
sucio y agitado, después de tanta pelea para ganarte? Ven
adorable cuerpo caliente, tibio, ven a lamerme las heridas,
no me dejes sangrar. El también necesita ser redimido.
No desesperes pequeña furia de uñas afiladas, ella sólo
está cómodamente adormecida; tú tan sólo estás sangrando.
Simplemente eso, sangrando.

1:14 Fantasmas Trasnochados
Dulce sueño abortado, anhelante esperar a nadie. El se
fue gota a gota, muy lentamente, sin una palabra, sin un
gesto. Lo veo ahí parado en la oscuridad, observándome,
culpándome con la mirada, alzando un dedo admonitorio hacia
mí. ¡Que se vaya, carajo, que se vaya! ¡No quiero
escucharlo! Oigo sus latidos, su tic tac incansable, su
permanente gotear. Está de pie, junto a la biblioteca,
mirándome, mostrándome sus muñecas abiertas de donde salen
deshilachados trozos de gomaespuma roja, suave tibia. Abre
la boca, gesticula; está hablándome pero no puedo oírlo.
Sólo veo su boca abrirse y su gesto repetitivo: alza los
brazos y me muestra las heridas. Sonríe, ahora está
sonriendo forzadamente como la vez en que le dije lo de
Alejandra, yo no la forcé, entendeme, no la forcé, es ella
la que vino a mí. El se limita a sonreír y hace una
reverencia hacia un costado y aplaude.
Ahí está mi madre, puedo ver su abultada panza, puedo
ver dentro, donde un feto con aspecto de osito patalea y
también él me señala. Mi madre parece estar discutiendo con
alguien que está frente a ella, pero no puedo verlo. Ahora
también ella vomita gomaespuma y el osito desaparece.
El vuelve a llamarme la atención, vuelve a mostrarme
sus muñecas sanguinolientas, pero ya no habla. Alejandra
está desnuda a su lado, le acaricia el cuello, los hombros,
las caderas, él no deja de mirarme. Ella le abre la bragueta
con suavidad, con tibieza y sus labios, increiblemente
rojos, se hunden allí dentro. No, está tomándole las manos,
está lamiéndoselas. El ya no sonríe forzadamente, ella se
vuelve para mirarme. De las comisuras de sus labios cuelgan
dos hilitos blancos de gomaespuma, pasa su lengua por allá.
Ronronea, maúlla y luego lanza un gritito de bebé.
No te preocupes, dice mi madre, ya tendrás otro osito
para jugar.

1:16 Juego Infantil
Cuando tenía nueve años salíamos con Jorge a tirarle
piedras a los gatos del baldío. Nos divertía verlos correr
asustados, esconderse agazapados detrás de un arbusto, y
gritábamos piedra libre. No los matábamos, claro. Sólo les
arrojábamos piedras porque detestábamos a los gatos,
aborrecíamos su seguridad, su suficiencia, su mirada
misteriosa.
Aquel gatito era diferente; muy chiquito, de caminar
bamboleante. Su boquita se abría todo el tiempo, veíamos su
lenguita roja y sus pequeños dientes. Lo tomé entre mis
brazos para acunarlo, Jorge trajo leche de su casa en un
pequeño platito azul que pusimos a su lado. El gatito no la
tomó, seguía maullando, pidiendo ayuda. Seguramente está
enfermo, nos dijimos. Quizá caminara así porque se había
lastimado una patita. Hay que sacrificarlo. Lo tomé entre
mis brazos con gesto suave y sinceramente conmovido. Lo
deposité en un pequeño pozo junto a los escombros y luego
comenzamos a arrojarle cascotes pesados. Sentíamos sus
gritos, sus maullidos quebrados y esto nos dolía, cómo
hacerle entender que lo hacíamos por su bien. Seguimos
arrojándole piedras hasta mucho tiempo después de haberlo
matado.

1:17 En Escena
Estamos los tres sentados en una mesa de algún café, él
me mira de vez en cuando para adivinar en mí la impresión
que me ha causado Alejandra. Por el momento ninguna pero la
decisión ya está tomada y él apenas si le prestó atención.
Se prenden las luces, silencio en la sala, comienza la
función.
No sé por qué hablo de la acción y la inacción, el
pesimismo y el optimismo. Declaro falsa la oposición, no hay
optimismo ni pesimismo, la cosa pasa por otro lado: se
asocia optimismo con acción, la acción produce una
satisfacción muscular, no es que sea optimista, apenas se
siente el placer del movimiento y a esto se lo confunde con
razonamiento positivo. Es simple, la acción se basta a sí
misma, es completamente irracional, no es necesariamente
positiva, es mera satisfacción animal.
No estoy pensando en nada de eso, no me interesa en lo
más mínimo. Pero ella se cree en la obligación de atenderme,
de preguntar, de objetar. Ella tampoco está interesada en el
asunto, jamás se interesaría en cosas abstractas; esto no es
más que una competencia, un mostrar la falsa inteligencia
que uno posee. Ahora me atrae, decididamente esto ha de
terminar en un cama. Ni ella ni yo buscamos otra cosa: una
cama. Oirla gemir de placer. Acción meditada, que él nos vea
gemir de placer, revolcarnos, sudar, acariciarnos, besarnos,
reir. Que sea él el gusano, doble satisfacción. El nos mira,
él me mira y quiere saber qué impresión me ha causado ella.

1:20 Sangrando Boca Arriba
Estoy sudando, me pesan las sábanas. Qué demonios hice
de mi vida, por qué debo cargar con todo esto: el silencio,
la oscuridad, el gotear de infinitas canillas, mi
respiración, su cuerpo inerte.
Pasen y vean el cadáver retorciéndose intranquilo que
mira por una rendija un ínfimo hilo de luz, pegoteado en
sudor, con la boca abierta, gimiendo, gritando estoy vivo
estoy vivo estoy vivo estoy vivo.

1:21 Qué Hace Un Hombre Cuando No Puede Dormir
Cuenta ovejas decapitadas, lobos hambrientos,
portentosos automóviles que se deslizan con suavidad muy
cerca del cordón con la ventanilla abierta.
Da vueltas en la cama, en el techo, en las paredes, en
su interior.
Cuenta las gotas que una a una caen incansables una a
una las gotas que marcan el tiempo entre una oveja y un
lobo.
Discute con aquel o con éste con impecable retórica que
demuestra su inagotable talento con los fantasmas
necesariamente enmudecidos.
Prende un cigarrillo tras otro y otro y adopta poses
ridículas ante un espejo imaginario: aquí el gran hombre
seguro de sí mismo, más allá el exitoso conquistador
satisfecho del celo ajeno, por aquí el inconmovible hombre
de hielo.
Se inventa historias absurdas y soberbios triunfos.
Se autocompadece, se martiriza, se humilla.
Declara a este mundo ajeno y conspirador en su contra;
busca, inventa ejemplos.
Se indigna con quienes lo compadecen, lo martirizan y
humillan.
Fuma, come, toma café o whisky o vino, intenta saciarse
y termina harto.
Recuerda, reforma, multiplica su pasado; lo destruye,
lo justifica, lo reconstruye.
Vuelve a ser niño y juega a no tenerle miedo a los
fantasmas, luego odia.
Siente energías incontenibles que lo mueven a la acción
y un peso que lo hunde en la inercia. Finalmente se
masturba.

1:25 Vana Espera
Papá y mamá discuten en la cocina, siento sus voces
contenidas de ira y odio. no puedo escuchar muy bien lo que
dicen pero oscuramente comprendo de que se trata, tiene algo
que ver con ese hermanito de que me habló mamá ayer. Sí, me
dijo que iba a tener un hermanito para jugar, pero yo no
quiero alguien para jugar que también comerá torta y esas
cosas. Creo que ella tampoco lo quiere y el único que se
empecina es papá. De eso deben estar discutiendo.
Mamá dijo hoy a la tarde que estaba cansada de todo,
que se quería ir y papá la miró y no le contestó. Ahora se
están gritando y yo me abrazo a la almohada y no quiero
escuchar, no quiero. El osito está sobre la silla y me mira
sin cabeza, ya no lo quiero tampoco. Ella se va a ir, nos va
a dejar y papá ya no tendrá que esperar toda la noche
despierto; él sí debe estar contento.

1:27 Cuando Los Gusanos Vienen Marchando
Siento las gotas que una a una caen en la pileta de la
cocina. Gotas. Gatas. Gatos. Ghetos.
Estoy enfundado en un uniforme de franela gris, sucio y
pesado. Me tomo del alambre que da a la vereda, estoy
prisionero, no puedo salir. El mundo es para mí innumerables
parcelas pequeñitas de rombos perfectamente alineados ante
mi vista. No puedo pasar al otro lado por donde veo que la
gente camina. De aquel lado está Alejandra, junto al cordón.
De vez en cuando un auto se detiene y su ocupante baja la
ventanilla de este lado y dice algo que la hace sonreír
levemente y mirar hacia otro lado. Al fin sube a uno y se
marchan a toda velocidad. Yo me quedo aquí, detrás del
alambre hasta que alguien venga por mí y me azote hasta
desvanecerme.
Cuando despierte estaré bañado en sangre sobre las
frías baldosas de un baño cubiertas de ese río rojo que gota
a gota se irá por la rejilla hasta alguna cloaca. Allí será
lamida por la lengua áspera de un gato con la cabeza
destrozada, aplastada. Gemirá cansadamente mientras lame y
gusano tras gusano saldrán de su cabeza, treparan por las
cañerías y llegaran hasta mí que ya no seré otra cosa que un
montón de huesos blanquecinos secándose que un barrendero
recogerá asqueado con su pala, arrojará en un tacho y se irá
silbando tranquilamente.

1:31 Lázaro Vuelve A Casa
Entro tranquilamente y me dirijo a la cocina. Mis
padres están cenando y no se fijan en mí. Los saludo pero no
me contestan, hacen como que no me ven, conversan con
tranquilidad por los cuatro costados. Les digo, aunque sea
obvio, que estoy de vuelta pero ellos no me escuchan ¿No
deberían estar felices de ver a su hijo único de vuelta en
casa?, les grito. Mi madre, como al pasar, posa sus ojos en
mí y me sonríe extrañamente, hay algún misterio en su
sonrisa que pese a todo me resulta familiar. Entonces me doy
cuenta de que estoy embarrado, con la ropa hecha jirones,
que apesto a tierra mojada, a fango. Entonces, recién
entonces, comprendo por qué no me hablan, por qué no quieren
verme.
Desesperado, sin saber por qué, alzo mis brazos y miro
mis muñecas: dos tajos profundos y perfectos, vacíos, y
hundidos hasta mis huesos. Siento el sudor que cubre mi
cuerpo; estoy de vuelta, les grito. Pero mi madre sirve de
una fuente azul algo que parece carne. Me precipito hacia la
heladera, la abro y ya antes de verlo sé lo que voy a
encontrar: junto a la luz, en el fondo, un horrible y
violáceo feto me mira con ojos sin párpados. Hace una mueca
repugnante que, de no ser tan monstruosa y ridícula,
llamaría sonrisa. Es una absurda caricatura de esa sonrisa
tan familiar. Me vuelvo asqueado hacia mis padres que siguen
comiendo su repugnante porción y les grito con todas mis
fuerzas: ¡él es el que está muerto! ¡El está muerto! ¡Está
muerto, muerto, muerto! El feto deja escapar una repugnante
carcajada y en el diario, sobre la mesa, leo en grandes
titulares: ALGUIEN DEBE CAER.

1:34 Eros
Oscuridad y mi cama vacía y en el incesante tic tac te
busco, envuelvo las sábanas, siento frío. Recuerdo otras
camas más tibias, otra búsqueda, otro desamparo; finalmente
otro desamparo. Palabras engañosas que nos decimos
mutuamente engañados, inventando entre el humo del
cigarrillo y una falsa satisfacción. Porque cumplimos con el
reloj, con la maquinaria, con las formas pero nunca llegamos
realmente a conocernos. Hay besos en esas camas, hay
caricias, hay exploración pero nunca te encuentro ahí, nunca
consigo penetrarte realmente; estás lejos, muy lejos de mí,
entregada a ti misma y a tu propio conocimiento, casi fría,
casi del otro lado. Yo te busco en ese desamparo pero siento
bajo mi cuerpo un cuerpo inerte entregado a sus propios
ritos. No nos fundimos, hay un abismo insalvable entre los
dos y cuanto más cerca me siento de vos más solo y lejos
estoy.
¿Qué le pasará al violador, a ese violador que tenemos
dentro? ¿Sentirá realmente satisfacción en ese acto
desesperado? ¿Le servirá para algo el darse la cabeza contra
las paredes? Así es como están las cosas, nos mentimos hasta
el placer, nos creamos todo un mundo a partir de ello.
Inventamos también justificaciones de todo dolor. Es así
como vuelve a aparecer la imagen de él en medio, detrás de
tu sonrisa y tu misterio; necesito inventar su fantasma para
poder expulsarlo de mí, para liberarme, para que toda la
responsabilidad desaparezca: al violador le es necesaria la
presencia de la virtud. Y somos nosotros quienes asesinamos
toda virtud pero ¿qué ponemos en reemplazo? Cuando ya no hay
fantasmas tampoco hay realidades. Alguien siempre debe caer,
pero es necesario que esto al menos sirva para algo.
Nosotros debemos poner la vida allí donde reina la muerte,
debemos superar heridas allí donde la muerte se empecina en
desangrarnos. Nosotros somos el tic tac...
También aquí, probablemente, las palabras se vacíen de
todo significado; pero al fin de cuenta somos los únicos que
pueden enfrentarse a los gusanos.

1:38 La Muerte Hace Las Valijas
Mamá finalmente me dijo que ya no habrá hermanito.
Estaba muy seria y no me miró cuando lo dijo. Hoy por la
tarde subió a un coche y se fue. La vi perderse junto al
cordón, yo aferrado a las rejas del jardín. No volvió la
vista, no saludó, estaba apurada.
El resto de la tarde transcurrió silenciosa y papá no
salió de su pieza.
Ahora que ella no está el silencio ocupa todos los
huecos y no tendré más remedio que reparar yo mismo al pobre
osito decapitado.

1:39 Liberado
Al fin de cuentas hubiera bastado que él extendiera la
mano y comprobara que su caverna, por ser luminosa, no era
menos caverna, que su divinidad sólo podía alimentarse de la
oscuridad de los otros. Comprobar que la roca no era tan
sólida, sólo se hace dura cuando se transforma en tumba.
Estaba dormido cuando no debía estarlo. Un hombre sólo
puede ser Dios cuando está ciego como un gusano.



Esteban Sayegh
julio-agosto de 1985


Logo de Ubik World Domination