El Vudú, por Fredic Brown







Género: Cuento
Fuente: Revista Planeta N°3 -Enero/Febrero 1965- Ed. Sudamericana Pg.119



-¿Lo cree Usted?
-Por supesto que no
-¿Y usted?
-Yo también
Todo depende siempre de un cabello.



La esposa del señor Decker volvió de Haití.
Había ido sola. Habían decidido pasar un tiempo separados para arreglar luego
amistosamente el divorcio. Pero eso nada había cambiado.
Se detestaban todavía un poco más que antes.
-Divide en dos partes -Exigió firmemente la señora Decker-. La mitad de tu dine
ro y de tus bienes.
-Es ridiculo -Replicó con aspereza el señor Decker.
-¿Ridiculo, eh? Si quisiera lo tendría todo. En haití, amigo mío, he estudiado
vudú.
-¿Y qué?
-Que si no fuera una mujer honrada morirías por paralización del corazón. El
vudú no deja huellas.
-¡Tonterias! -Exclamó con superioridad el señor Decker.
-Pues bien, permíteme hacer la prueba. ¡Un trozo de uña o de cabello y verás!
-¡Patrañas! -Afirmó el buen señr Decker.
-Te hago una proposición, Probamos. Si no da buen resultado, nos divorciamos y
no pido nada. Si sale bien, heredo y me voy muy agradecida.
-De acuerdo -Dijo el excelente señor Decker -. Trae cera y un alfiler
Se miró las uñas.
-Demasiado cortas. Te daré un cabello.
Fue al cuarto de baño y volvió con un cabello en un tubo de aspirina. La señora
Decker había ablandado ya la cera. Hundió en ella el cabello y luego la moleló
groseramente en forma de ser humano.
-Lo lamentarás -Aseguró, mientras hundía la aguja en el pecho de la estatuita.
El señor Decker se sorprendió, pero de manera agradable. No creía en el vudú,
pero era prudente. Además, siempre le había irritado que su mujer no limpiase
nunca el peine.

Fredic Brown




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