Textos por Jorge Luis Borges







El hilo de la fábula


El hilo que la mano de Ariadna dejó en la mano de Teseo (en la otra estaba la
espada) para que éste se ahondara en el laberinto y descubriera el centro, el
hombre con cabeza de toro o, como quiere Dante, el toro con cabeza de hombre, y
le diera muerte y pudiera, ya ejecutada la proeza, destejer las redes de piedra
y volver a ella, a su amor.
Las cosas ocurrieron así. Teseo no podía saber que del otro lado del
laberinto estab el otro laberinto, el del tiempo, y que en algún lugar prefijado
estaba Medea.
El hilo se ha perdido; el laberinto se ha perdido también. Ahora ni siquiera
sabemos si nos rodea un laberinto, un secreto cosmos, o un caos azaroso. Nuestro
hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo. Nunca daremos con el
hilo; acaso lo encontramos y lo perdemos en un acto de fe, en una cadencia, en
el sueño, en las palabras que se llaman filosofía o en la mera y sencilla
felicidad.

Cnossos, 1984

Jorge Luis Borges


La Recoleta


Aquí no está Isidoro Suárez, que comandó una carga de húsares en la batalla de
Junín, que apenas fue una escaramuza y que cambió la historia de América.
Aquí no está Félix Olavarría, que compartió con él las campañas, la
conspiración, las leguas, la alta nieve, los riesgos, la amistad y el destierro.
Aquí está el polvo de su polvo.
Aquí no está mi abuelo, que se hizo matar después de la capitulación de
Mitre en La Verde.
Aquí no está mi padre, que me enseñó a descreer de la intolerable
inmortalidad.
Aquí no está mi madre, que me perdonó demasiadas cosas.
Aquí bajo los epitafios y las cruces no hay casi nada.
Aquí no estaré yo. Estarán mi pelo y mis uñas, que no sabrán que lo demás ha
muerto, y seguirán creciendo y serán polvo.
Aquí no estaré yo, que seré parte del olvido que es la tenue sustancia de
que está hecho el universo.

Jorge Luis Borges


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