"Los asquerosos", de Carlos Trillo y Alejandro Dolina, en SATIRICON nro 16; marzo de 1974.-
NOTA: Lo que está entre corchetes iba en negrita en el original.
Hurgamientos periodísticos.
LOS ASQUEROSOS
Quien más, quien menos, todos somos asquerosos. Por
más que pongamos cara de monja ultrajada cuando
alguien eructa, por más que nos rasguemos las
vestiduras cuando algún conocido se rasca la parte de
atrás, todos, alguna vez, hemos incurrido en actos
cerdos.
Es que uno solamente le tiene asco a los demás.
Nadie, por más fruncido que sea, se horroriza ante
sus propias chanchadas. Así, cuando vamos de cuerpo,
podemos observar que nuestras deposiciones nos
inspiran alarma, ternura, dolor, sorpresa, pero nunca
repugnancia.
Así es el hombre: individualista. E inmundo, por
añadidura.
CHANCHO LIMPIO NUNCA ENGORDA.
Si bien la condición de repugnante es tan inherente al hombre como
su mortalidad, son muy pocos los que se atreven a asumirla con valor. La
mayoría de los cochinos se ocultan para cometer sus fechorías. [Y sólo un
pequeño grupo de valientes se atreve a dar la cara públicamente. Pero su
valor sólo les granjea antipatías].
Marginados, despreciados, vituperados por la comunidad, los
[asquerosos] representan sin embargo una filosofía realista, descarnada,
vital, pura, aunque un poco fétida. [Los integrantes de esta casta ominosa
jamás tienen éxito en nada de lo que emprenden]. Es que, entre todas las
reglas que impone la sociedad, pocas son tan crueles como las que se
refieren al asco. Nadie podrá conseguir que lo nombren en un empleo
nacional, si cuando concurre a solicitarlo se acomoda las hemorroides con
la esquina del escritorio. Ninguna señorita tendrá ocasión de ganar un
concurso de belleza si tiene la mala idea de sacarse la cera de las orejas
con un clip mientras conversa con el locutor. En el amor, los asquerosos
también encuentran dificultades. Los autores de esta nota han podido
observar que la mayoría de las mujeres asumen una actitud frígida a poco
que uno se suene la nariz contra un árbol, sin pañuelo; quién entiende a
las mujeres.
Y así, en todas las cosas. [La gloria, la fama, los honores, la
función pública, la estatua ecuestre son sólo para los reprimidos.
A los nauseabundos, nada].
LA INMUNDICIA COMO FORMA DE COMUNICACION.
Los asquerosos son cálidos y campechanos. Su desprejuicio, que tantos
sinsabores les ocasiona en otros campos, les permite ganar amigos con mucha
rapidez.
Ocurre que uno se siente tentado a la confidencia con quien es capaz
de olerse las axilas mientras conversa. Algunos prefieren explicar este
fenómeno diciendo que los repugnantes se buscan entre sí, como los masones
y los rosacruces.
[Imaginemos un primer encuentro entre dos porcinos].
Primero, el más liberal, escupe en el suelo y aplasta el producto con
el pie.
Medido, el segundo se hurga la nariz.
A la media hora son como chanchos.
LA PEOR ASQUEROSIDAD.
[Mucho más repulsivos que los asquerosos del cuerpo son los
asquerosos del alma, y nadie les dice nada]. Los [avaros], los
[prepotentes], los [mentirosos], los [hipócritas], los [ambiciosos], los
[presumidos], los [alcahuetes] y los [traidores] producen en los hombres
sensibles mucho más asco que un moco.
Pero la comunidad no reprime este tipo de porquerías.
Y [ahí andan, tan campantes, los villanos, negándole el aumento a un
pobre obrero, atropellando ancianas, estafando jubilados y batiendo la
cana, con el pretexto de que se lavan los dientes].
VINDICACION ENUMERATIVA.
- Vomitar en las cantinas.
- Escupir desde el pullman hacia la platea.
- Estornudar con premio.
- Olvidarse de tirar la cadena.
- Orinar en las tribunas.
- Tener olor a pata.
- No lavarse jamás después de cada evacuación.
- Usar siempre el mismo pañuelo.
- Olerse el calzoncillo y sentirse orgulloso.
- Reventarse los forúnculos y limpiar luego el espejo con el dedo.
- Limpiarse la parte de atrás con la toalla.
- Hacer choricitos con la suciedad formada entre los dedos de los
pies.
- Aplastar cucarachas con las manos y limpiarse en los fondillos.
- Después de tomar la sopa, limpiarse los bigotes con pan, y
comerse el pan.
- Tomarse la temperatura por vía anal, y no limpiar el termómetro.
- No vaciar nunca la escupidera.
- Etcétera.
CARLOS TRILLO.
ALEJANDRO DOLINA.