La historia del virus PHX y su autor Armagedon
Por Fernando Bonsembiante


Dicen que la venganza es un plato que se come frİo. El mayor error de Armaged¾n fue, quizß, no hacerle caso al refrßn. Oculto tras ese nombre bİblico encontramos un hacker, tambiÚn pirata informßtico, y sobre todo, excelente programador. Hace unos a±os desarroll¾ un programita que servİa para agregarle una introducci¾n a los juegos pirateados que vendİa en su local de Ros ario. Cuando una persona querİa jugar veİa una pantalla (intro, en la jerga) con grßficos animados que decİa donde conseguir mßs juegos como ese. Si el juego era a su vez pirateado por otra persona, no podrİa sacarle esta propaganda, y los siguientes usua rios verİan la publicidad de su negocio. Era imposible venderlo sin anunciar quien era el pirata original. El programa era usado solamente por Armaged¾n y un pirata amigo, tambiÚn en Rosario, representante de otro, en Buenos Aires. El pirata porte±o consi gui¾ una copia del programa de Armaged¾n, con la promesa de no copißrselo a nadie. Pero, pirata al fin, pens¾ que el programa era mucho mßs valioso que la amistad y empez¾ a venderlo. Prob¾ que era realmente valioso: pudo comprarse una moto con el fruto d el esfuerzo de Armaged¾n, y, por supuesto, jamßs se le ocurri¾ hacer participar en las ganancias al autor. Cuando Úste se enter¾ de lo que estaba pasando, mont¾ en c¾lera. Jamßs habİa podido comprarse una moto, no tenİa mucho dinero, y este pirata habİa m ejorado su nivel de vida fßcilmente gracias a su trabajo.
Trat¾ de solucionar el problema de manera legal. Fue al registro de la propiedad intelectual, pero el tramite que habİa que hacer lo desalent¾. Un abogado amigo le dijo que ni se moleste, porque, a·n registrßndolo, el pirata porte±o iba a salirse con la s uya. Como para empeorar la cosa, tenİa amigos en lugares importantes, en caso de juicio no le pasarİa nada. O por lo menos eso era lo que Armaged¾n crey¾. Desesperanzado de encontrar una soluci¾n legal, la venganza le pareci¾ la mejor salida. Junto con unos amigos planearon hacer un virus para que el pirata pague sus culpas, destruyendo la informaci¾n de sus computadoras. Aunque nunca antes habİa hecho un v irus, Armaged¾n era el ·nico con los conocimientos suficientes como para hacerlo. Sus 'intros' eran una buena preparaci¾n, ya que se pegaban a otro programa como si fuesen un virus, aunque no se reproducİan solas como Ústos, ni afectaban el buen funcionam iento de las computadoras. La intenci¾n era no hacer ningun da±o hasta encontrar el programa pirateado, sea la copia del pirata vendedor o de alguno de sus clientes. Su instrumento de venganza digital iba a copiarse en todas las mßquinas que pudiese, esco ndido, sin molestar a la gente inocente, hasta que la mßquina del pirata quedase infectada. En esa computadora empezarİa a destruir lentamente la informaci¾n del disco rİgido hasta que quedara inutilizable. Bautiz¾ a su creaci¾n 'tracker', buscador en ing lÚs.
El nombre Armaged¾n se lo recomend¾ uno de sus amigos. Sonaba lindo y no tenİa nada que ver con su apodo 'real'. La idea era despistar a los que lo conocİan como hacker para que no supieran que Úl habİa hecho el virus. El hacker y su pandilla tuvieron todo el cuidado posible para hacer el virus inocuo para las mßquinas que no tenİan nada que ver con esta venganza. Incluso, antes de liberarlo, lo probaron en todas las computadoras que pudieron para asegurarse de que era realmente inofensivo.
El dİa del padre de 1993 el virus qued¾ oficialmente terminado.
La misma semana lleg¾ al negocio de Armaged¾n un pirata muy conocido de Buenos Aires. Era la persona ideal para empezar la distribuci¾n del virus. Armaged¾n le pas¾ el programa Vista Pro infectado con su creaci¾n, por supuesto, sin decirle que el diskette llevaba un 'colado'. Para esa Úpoca, uno de los amigos, justamente el que habİa sugerido el nombre Armaged¾n, tenİa que viajar a Uruguay, a visitar a otros piratas por negocios. Como los uruguayos tambiÚn trabajaban con sus enemigos de Buenos Aires, eran candidatos a la infecci¾n. El virus que fue para Uruguay era ligeramente distinto al que fue para Buenos Aires. Imagİnense la sorpresa de Armaged¾n cuando el pirata de Buenos Aires volvi¾ a Rosario a los pocos dİas de la salida de su amigo a Uruguay, con los diskettes infectados con la versi¾n dos del virus en lugar de la que se habİa llevado. Cuando su amigo lleg¾, el chiste fue: -- +En quÚ te volviste?
-- En micro.
-- No, eso pas¾ de moda. La pr¾xima vez volvete en virus que es mucho mßs rßpido.
El virus demostr¾ ser mucho mßs infeccioso que lo que habİan supuesto. Armaged¾n comenz¾ a preocuparse, porque descubri¾ que ambas versiones tenİan problemas que se le habİan pasado inadvertidos. Suponer que iba a ser inocuo fue otro de sus errores. Estab a completamente fuera de control, multiplicßndose en forma exponencial. Evidentemente habİan elegido demasiado bien a los distribuidores de software pirata. La culpa lo llev¾ a desarrollar varios programas anti-virus para detectarlo y eliminarlo. Incluso, como para empeorar la cosa, algunos de sus amigos ya estaban infectados. La gente ya empezaba a darse cuenta de quien era Armaged¾n en realidad. Algunos lo acusaban simplemente para desprestigiarlo y otros habİan hecho una tarea detectivesca que apuntaba hacia Úl.
Mientras tanto, el virus habİa llegado a las organizaciones anti-virus internacionales. Patricia Hoffman, norteamericana autora de un archivo de informaci¾n sobre virus, lo listaba con el nombre Willistrover III y decİa que su origen era Bolivia. Al hacke r argentino que se lo pas¾ (su alias era Truchex, y no conocİa el origen real del virus) se le ocurri¾ mentir para comprobar si hacİa una mİnima verificaci¾n de la informaci¾n. El islandÚs Fridrik Skulason, autor del anti virus F-Prot, lo bautiz¾ PHX por un texto que buscaba en las mßquinas para identificar a su vİctima.
De todas formas, el virus pudo cumplir, aunque sea parcialmente, su objetivo. El pirata habİa recibido muchas quejas de que los programas que vendİa no andaban, debido a la corrupci¾n de datos que causaba. Armaged¾n se enter¾ de esto, pero su alegrİa por la venganza qued¾ empa±ada por la infecci¾n indiscriminada que habİa causado. El virus apareci¾ en lugares tan distantes como Uruguay, Paraguay, Rosario, ademßs de Buenos Aires. Habİa infectado mßquinas hasta en la sede de importantes organismos oficiales (los que, por lo menos te¾ricamente, no deberİan usar software pirata). Trat¾ de solucionar el problema enviando todas las variantes del virus a los fabricantes de anti-virus y repartiendo gratuitamente su cura especİfica contra el PHX. Incluso mont¾ una peque±a campa±a de vacunaci¾n y prevenci¾n en Rosario.
Ahora no quiere saber nada de hacer otro virus, ya sabe que es algo que se sale de control demasiado fßcil. Los errores mİnimos que contenİa lo hacİan hasta peligroso en ciertas computadoras inocentes. Actualmente Armaged¾n trabaja en una empresa seria y respetable, y dej¾ de lado toda su carrera como autor de virus y hacker.




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